54 El Avila de Caracas

Durante más de 20 años varias veces a la semana muy temprano en la mañana subi
caminando desde Altamira hasta Sabas Nieves por las laderas de esta inigualable montaña
que es un inmenso parque natural con árboles que son de más de 30 metros de altura
cuando se comienza a subir y que se hacen cada vez mas bajos hasta que al llegar a la
cumbre, 2 mil metros mas arriba, son pequeños arbustos que apenas llegan a los tobillos.

Excepcionalmente seguía mi camino hasta una bellísima zona de vertientes sabiamente
llamada “No te apures” desde la cual arranca una fuerte pendiente que conduce hasta “La
Silla”, desde donde se ve el mar a un costado y la ciudad de Caracas al otro.
Desde La Silla se puede caminar por las cumbres hacia el oeste y llegar hasta el hotel
Humboldt o caminar hacia el este y llegar hasta la cumbre en la que hay una cruz y una
preciosa vista de la ciudad de Caracas y del Mar Caribe.

Yo nunca habría llegado hasta la cumbre de la cruz. Me parecía más que suficiente llegar
hasta La Silla, detenerme algunos minutos a disfrutar de ese paisaje maravilloso y después
regresar a la ciudad a trabajar.

Pero un día invité a mi hijo Antonio, entonces de nueve años. Subimos temprano. Durante
el trayecto dejó caer la filmadora Sony.
Después de algún esfuerzo la recuperamos y seguimos viaje.
Nos detuvimos a mitad de camino hacia No Te Apures, en unos asientos desde los cuales
hay una maravillosa vista de la ciudad.
En No Te Apures recogimos agua de la vertiente y seguimos subiendo hasta La Silla .
Una vez ahí le propuse regresar. El dijo que por ningún motivo. Que no se detendría hasta
de llegar a la cumbre más alta. Entonces echamos a andar hacia la cruz donde nos
detuvimos a disfrutar de la maravillosa vista de la ciudad y del Mar Caribe.

Al subir por la quebrada de Altamira a muy poco entrar a la izquierda hay una vía
alternativa de accceso a Sabas Nieves en la cual cuando el Avila se fue transformando en
un centro criminal, los delincuentes se instalaban a robar a quienes íbamos a Sabas
Nieves.
En las tardes también se instalaban en esta vía algunos depravados a exponer sus órganos
sexuales con el propósito de entusiasmar a algún adulto mayor que después aparecía
robado y asesinado en su departamento.

Al continuar por la Quebrada de Altamira, un poco más arriba hacia la derecha se consigue
un camino bastante plano que conduce hasta una cascada muy amable.
Cuando Caracas se fue poniendo cada vez más criminal la Guardia Nacional creó otros
caminos que conducían hasta la cascada, lo que permitió que los delincuentes de la
Guardia Nacional y otros de propia iniciativa pudieran asaltar a quienes iban por la vía
principal hacia la cascada y escapar por las nuevas rutas que se habían abierto.
Lamentablemente ir hasta la cascada se convirtió en un paseo donde campeaban

asaltantes y criminales, lo que para quienes caminábamos esa hermosa ruta representaba
una preocupación adicional.

Pero no todo era tristeza y criminalidad en el camino a Sabas Nieves.
Muchas veces en esa vía de tres a seis metros de ancho uno se conseguía mujeres de
extraordinaria belleza.
Recuerdo especialmente a una chica enteramente vestida con un muy estrecho mono rojo
resplandeciente que resaltaba la extraordinaria belleza y atractivo de su cuerpo
maravilloso, sin mencionar que su rostro era francamente exquisito.

Caminé un rato tras ella disfrutando de cada uno de sus perfectas curvas. Después aceleré
el tranco y la adelantá unos 30 metros.
Entonces me detuve al costado del camino, ahora convertido en espectador y, a medida
que ella se acercaba para pasar frente a mí empecé a aplaudir y la aplaudí hasta que se
alejó cerro arriba. Quise así reconocer su sobrecogedora belleza y sembrar los frutos que
pudieran resultar.

Ella se debe haber sentido muy halagada ante el descarado homenaje que se le rendía y
debe haber disfrutado de la divertida admiración que despertaba en las otras personas
que subían y bajaban en ese momento por esa vía habitualmente concurrida

Después reanudé mi marcha hacia Sabas Nieves, caminando tras ella, disfrutándola. Al
poco rato la adelanté sin tener gesto alguno para con ella.
Una vez en Sabas Nieves mientras tomé agua y me distraje gozando del paisaje estuve
pendiente de ver cuando la hermosa mujer de rojo llegaba hasta el lugar.

Poco rato después ella apareció por la zona, dió un par de vueltas, tomó agua y comenzó a
descender.
Dejé que pasaran algunos minutos y empecé a bajar.
Al cabo de un tiempo la alcancé.
Me mantuve algunos metros tras ella disfrutando una vez más de ese magnífico
espectáculo.
Después de algunos minutos empecé a caminar junto a ella, sin decir palabra porque
obviamente la relación había sido establecida cuando me detuve aplaudir su belleza y
ella sin duda debería estar dándole vueltas en su corazoncito al deseo que despertaba en
ella el sinvergüenza que caminaba en silencio a su lado.
Algunas jóvenes se excitan el saberse observadas y deseadas.

Después de bajar tal vez 20 minutos en silencio le pregunté si prefería desayunar y
después ducharnos en algún hotel o si le gustaría primero ducharnos y sufrir para luego
desayunar.
Lo pensó largamente. Optó por desayunar, probablemente para conocerme y correr
menos riesgos.

Sobre la silla, desmadejado, el traje rojo perdió su brillante compostura.
Sin él, de pié, callada, ella era todavía más bella, más resplandeciente, más dura, más
excitante.